¿Se lee el Papa mi blog? El misterio de la "Magnifica Humanitas"

¿Coincide el Papa con mi blog sobre IA? Sí, pero no en todo. Analizo dónde disentimos y me comprometo a escribir sobre los temas que él toca y a mi me faltan.

NOVEDADES

Curiosidad Artificial, NotebookLM y Claude Sonnet 4.6

5/31/20266 min read

Figura humana y símbolo papal ante la IA, contraste de luz cálida y fría, escena dramática cinematográfica.
Figura humana y símbolo papal ante la IA, contraste de luz cálida y fría, escena dramática cinematográfica.

¿Es el Papa uno de mis lectores? Lo investigué

¿Alguna vez has tenido esa sensación extraña de que alguien está usando tus mismas palabras en una conversación importante? Pues imagina mi cara el pasado 15 de mayo cuando se publicó la encíclica Magnifica Humanitas de León XIV. Mientras leía el documento (en realidad lo ha leído con ayuda de NotebookLM), no podía evitar sentir un déjà vu constante, como si Su Santidad tuviera a "Curiosidad Artificial" en su lista de favoritos del navegador (o quizás alguien en el Vaticano me lee mientras toma café).

A ver, no es que me quiera dar importancia, ya sabéis que aquí somos más de "ensuciarnos las manos" con cómo crear un GEM para yo que se, que de redactar tratados teológicos, pero las coincidencias son, cuanto menos, asombrosas.

Los "Señores Feudales" llegan al Vaticano

Hace apenas unas semanas escribí sobre cómo las Big Tech se están convirtiendo en los nuevos señores feudales, controlando la infraestructura digital de la que depende nuestra supervivencia. Pues bien, León XIV parece haber llegado a la misma conclusión. En su encíclica, denuncia que el poder tecnológico ya no es solo de los Estados, sino de actores privados transnacionales que deciden las reglas del juego por encima de los gobiernos. Él lo llama "paradigma tecnocrático"; yo lo llamo la "consolidación del feudalismo digital", pero el diagnóstico es el mismo: pocas manos para demasiado poder.

Cuando la mentira tiene buena cara

Hay un punto donde León XIV y yo coincidimos sin matices: la IA está convirtiendo la mentira en un problema industrial. La encíclica dedica un capítulo entero a cómo la desinformación ha encontrado en la inteligencia artificial su mejor aliada, capaz de fabricar imágenes, voces y vídeos indistinguibles de la realidad. Yo llegué a la misma conclusión desde el laboratorio: publiqué un experimento en el que no fui capaz de distinguir un texto humano de uno generado y humanizado por una IA, y la conclusión fue la misma que la del Papa, aunque sin cita bíblica: ya no podemos detectarla, y eso cambia las reglas del juego.

Los dos coincidimos también en el antídoto. León XIV reivindica internet como un espacio donde madure el pensamiento crítico, no como un instrumento de distracción o dominación. Este blog lleva desde su primer artículo diciendo exactamente lo mismo: la mejor defensa contra una IA que alucina con total convicción no es tecnológica, es humana. Verificar, cuestionar, no fiarse del tono seguro.

En esto, Su Santidad y yo formamos equipo.

El "Efecto Nehemías" y la "Cinta de Correr"

León XIV utiliza la imagen bíblica de Nehemías reconstruyendo los muros de Jerusalén ladrillo a ladrillo como símbolo de la responsabilidad compartida. Me recordó inevitablemente a lo que hablamos sobre cómo ahora, con las herramientas adecuadas, una sola persona puede coordinar un trabajo que antes exigía un departamento entero. Pero mientras el Papa pide "desarmar" la IA para que no nos domine, yo os avisaba de que la cinta de correr ya no va a nuestro ritmo; o aceleramos el paso o nos caemos. Él propone una pausa ética; yo os sugiero que, al menos, sepáis cómo funciona el telescopio antes de que el universo cambie delante de vuestros ojos.

Tierra llamando a Curiosidad Artificial

Bueno, bajemos a la tierra. ¿Se ha basado León XIV en este blog? Probablemente no, aunque soñar es gratis y no consume tokens. Porque si me leyera de verdad, habría escrito diferente en tres puntos concretos.

El primero es el trabajo. El Papa ve una potencial calamidad social si la automatización desplaza a millones de personas sin red de protección. Yo titulé un artículo con toda la intención que la destrucción del trabajo sería la mejor noticia del siglo, siempre que usemos el tiempo liberado para vivir mejor y no para producir más. El Papa ve el apocalipsis laboral; yo veo la oportunidad, condicionada. El diagnóstico compartido, el pronóstico no tanto.

El segundo es filosófico. León XIV dedica páginas a demostrar que la IA no es inteligente en sentido humano, que no tiene cuerpo, no siente, no ama, no tiene conciencia moral. Todo correcto, y completamente irrelevante para el usuario que necesita redactar un email o entender una factura. Yo titulé un artículo precisamente así: ¿a quién le importa si la IA sueña con ovejas eléctricas? Me temo que al Papa le importa bastante. A mí me importa lo que la herramienta hace, no lo que es. Aunque también exploré las habilidades emergentes de la IA así que quizá en el futuro habrá que revisar este punto.

El tercero es la educación. El Papa pide aprender a prescindir de la IA y proteger a los jóvenes de la promesa de la máquina perfecta. Yo llevo meses defendiendo exactamente lo contrario: que evitar la herramienta solo garantiza que los estudiantes la usen sin criterio y sin adultos cerca. No es un matiz, es un modelo diferente.

La encíclica ha destapado temas no tratados en el blog

Y luego están los tres temas que el Papa cubre y que yo, con honestidad, no he tocado todavía en este blog. El uso militar de la IA y la delegación de decisiones de vida o muerte a algoritmos. El transhumanismo como ideología, es decir, la idea de que la tecnología puede redefinir los límites de lo humano. Y la protección concreta de los menores frente al grooming y la explotación facilitados por deepfakes y algoritmos diseñados para amplificar el contacto peligroso. Los tres son incómodos. Los tres merecen un artículo. Y los tres van a aparecer en Curiosidad Artificial antes de que acabe el año.

Al Papa le agradezco la avanzadilla. Resulta que a veces hace falta una encíclica de ciento diez páginas para ver los puntos ciegos propios.

Y después de leerla, sinceramente, me estoy replanteando lo de mi ateísmo. Quien sabe, lo mismo me vuelvo agnóstico.

Comentarios de los lectores

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Un artículo interesante. No es que otros no lo sean, pero este me ha gustado un poco más. Tal vez porque toca temas que sigo más de cerca. Es curioso que existan tantas convergencias de fondo entre una reflexión eminentemente tecnológica (la tuya) y otra nacida desde una tradición espiritual de siglos (la de la encíclica). Son caminos distintos, con lenguajes también muy distintos, pero que se acercan a una misma cuestión: qué significa seguir siendo humano cuando una parte creciente de nuestra inteligencia, de nuestra memoria e incluso de nuestro juicio empieza a apoyarse en sistemas artificiales desarrollados por un conjunto pequeño de humanos bajo condiciones inciertas. Esa pregunta es muy potente y puede formularse de otra manera: ¿Qué queda de mí y cuánto valgo si cada vez más cosas que consideraba propias pueden ser imitadas o mejoradas por la máquina? O enunciándola desde la fe: ¿Qué conflicto estalla si creo que la persona tiene un valor previo e infinito, mientras que las dinámicas sociales y laborales apuntan a medir nuestro valor con parámetros como la productividad o la rentabilidad? En el fondo, tanto en el artículo como en la encíclica, se toca algo más profundo y atemporal. No es solo una duda sobre las consecuencias de usar unas herramientas u otras. Es plantearnos un aspecto puramente antropológico: ¿Qué es pensar, comprender, crear y decidir? ¿Qué es tener conciencia? Puede sonar a broma, pero el artículo toma un giro interesante cuando dices que quizá te replanteas lo del ateísmo y que lo mismo acabas siendo agnóstico. Es una frase curiosa, pues pasar del ateísmo al agnosticismo no es falta de rigor intelectual. Casi te diría que es lo contrario; de hecho, es algo muy humano. Es aceptar que hay preguntas que no se dejan cerrar con facilidad. Y en esta época llena de respuestas rápidas a golpe de prompt, me parece muy valioso. Finalizo repitiendo que lo más interesante de la encíclica y del artículo no es decidir si la IA nos acerca o nos aleja de lo humano, sino que nos está obligando a volver a preguntarnos qué es ser humano.

Juanjo (04/06/2026 16:54 h)
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