¿Y si tu propósito de año nuevo fuera ser el próximo Leonardo?

En la era de la IA, todos tenemos el pincel de Da Vinci en el bolsillo. ¿Por qué entonces no todos pintamos La Gioconda? El artículo propone dejar de lado los propósitos convencionales para abrazar la "Polimatía" gracias a la IA. Compara el uso de modelos generativos con el taller de un maestro renacentista, enfatizando que aunque la técnica es ahora accesible para todos, el criterio y la curiosidad humana son los que marcan la diferencia entre lo mediocre y lo genial.

OPINIÓN

Curiosidad Artificial con ayuda de Gemini

1/11/20264 min read

Leonardo da Vinci y persona moderna unidos por luz dorada que transforma herramientas en símbolos de IA
Leonardo da Vinci y persona moderna unidos por luz dorada que transforma herramientas en símbolos de IA

Estamos en esa época del año en la que nos prometemos ir al gimnasio, aprender un idioma o comer más sano. Propósitos nobles, pero que a menudo se marchitan antes de que termine febrero. Este año, sin embargo, la tecnología ha puesto sobre nuestra mesa una posibilidad mucho más ambiciosa y, por qué no decirlo, mucho más divertida: la oportunidad de convertirnos en polímatas.

Durante siglos, ser un "hombre del Renacimiento", alguien capaz de dominar el arte, la ciencia, la ingeniería y la música a la vez,  era un privilegio reservado para unos pocos genios con décadas de tiempo por delante. La técnica era la barrera. Si querías ser pintor, debías pasar años moliendo pigmentos y aprendiendo la química de los aceites. Si querías ser ingeniero, debías dominar las matemáticas de forma manual. Hoy, esa barrera ha saltado por los aires. La Inteligencia Artificial generativa es, en esencia, la democratización de la técnica.

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El taller de aprendices en tu bolsillo

Para entender qué está pasando, debemos mirar hacia atrás. Leonardo da Vinci no trabajaba solo. Se formó en el taller de Verrocchio, donde decenas de aprendices ayudaban a los maestros a preparar lienzos, pintar fondos o esculpir detalles menores.

Cuando usas ChatGPT para redactar un código, Midjourney para visualizar una idea o Claude para analizar un documento legal, no estás usando un buscador: estás dirigiendo un taller de aprendices digitales. La IA es ese aprendiz incansable que domina la técnica a la perfección, pero que carece de una sola cosa: intencionalidad. El "giro copernicano" de nuestra era es que, por primera vez en la historia, el cuello de botella ya no es nuestra habilidad con las manos o el tiempo que nos toma aprender un software complejo. El cuello de botella es nuestra curiosidad.

¿Por qué la IA no te hará genio por arte de magia?

Aquí es donde debemos ser honestos. Existe una trampa en la gratificación instantánea de la IA. Es fácil generar una imagen impactante en diez segundos y sentir que hemos creado algo. Pero hay una diferencia abismal entre un "prompt" afortunado y una obra con alma.

Leonardo no era especial por sus herramientas. Sus pinceles eran similares a los de cualquier otro pintor florentino. Lo que lo hacía único era su obsesión por el detalle. Pasó 14 años retocando los labios de la Gioconda. Estudió anatomía diseccionando cadáveres solo para entender cómo se movía un músculo bajo la piel cuando alguien sonreía.

La IA nos da la ejecución, pero nosotros debemos poner la obsesión. Si nos conformamos con el primer resultado que nos devuelve la máquina, no somos polímatas; somos simplemente usuarios de una herramienta. El verdadero polímata moderno es aquel que usa la IA para iterar mil veces, para preguntar "¿y si cambiamos esto?", para profundizar donde otros se quedan en la superficie. No debemos caer en la trampa de sufrir el "Síndrome de Stendhal" ante la creación de la IA y debemos seguir iterando hasta que obtengamos lo que queríamos crear.

Las tres claves para tu "renacimiento personal"

Si este año decides aceptar el reto de ser un polímata, hay tres habilidades que debes cultivar (y ninguna se puede automatizar):

  1. La curiosidad transversal: No uses la IA solo para tu trabajo. Úsala para conectar mundos. Si eres abogado, úsala para entender la astrofísica. Si eres programador, úsala para escribir poesía clásica. La genialidad nace en la intersección de disciplinas que parecen no tener nada que ver. Steve Jobs asistía como oyente a clases de caligrafía o literatura. Su incursión en la caligrafía fue fundamental para definir la identidad visual de Apple y, por extensión, de la informática moderna. Aunque en su momento parecía un estudio "inútil", Jobs integró estos conocimientos diez años después al diseñar la primera Macintosh.

  2. El criterio (el nuevo pincel): En un mundo donde cualquiera puede generar contenido "bueno", lo único que destacará será lo "extraordinario". Tu trabajo este año es educar tu gusto. Leer, observar, comparar. La IA te dará opciones; tu genialidad reside en saber cuál es la correcta. Es cierto que la IA nos iguala en cierta medida, pero tal y como yo lo veo, pensar que eso es una limitación para crear algo único es como creer que por tener a "Lucille", la guitarra de  B.B.King, podemos interpretar blues como el genio de Mississippi.

  3. La pregunta número cincuenta: La mayoría de la gente se detiene en el primer prompt. Un polímata moderno usa la IA como un cincel para llegar al fondo del mármol. Haz la segunda pregunta, la décima, la cincuenta. No te detengas hasta que el resultado te sorprenda incluso a ti mismo. Recuerda que tu debes llevar el timón y negarte a ir dónde el viento te lleve. Debes poner rumbo a tu destino, el que tu elijas.

Elige tu obsesión

La IA nos ha igualado a todos en potencia, pero nos va a diferenciar radicalmente en intención. Este año, el "conocimiento" ya no está guardado bajo llave en universidades costosas o años de práctica tediosa. El conocimiento está ahí, esperando a ser moldeado.

Mi propuesta para tu propósito de año nuevo es esta: busca una obsesión. Algo que siempre quisiste entender, crear o resolver, pero que te parecía demasiado difícil. Deja que la Inteligencia Artificial sea tu pincel, tu código y tu calculadora. Pero no olvides que la mano que guía el trazo (y el corazón que decide por qué ese trazo es importante) sigue siendo, y siempre será, exclusivamente tuya.

¿Qué es aquello que siempre quisiste ser y que ahora, por fin, tienes la capacidad de intentar?