No hace falta fabricar tu IA para ser soberano
La soberanía en IA no es fabricar tu propio modelo, es poder elegir. SOOFI, Apertus y por qué quizá no necesitas un modelo de frontera. Te traigo el aprendizaje de los veteranos lidiando con nuevas versiones de software.
CONCEPTOS CLAROSOCURRENCIAS
Curiosidad Artificial y Claude Sonnet 5
8/9/20266 min read


La soberanía en IA no es tenerlo todo, es poder elegir
Aprendí esta lección en mis primeros años como profesional, cuando me gustaba experimentar con la tecnología que liberaban los fabricantes: ningún informático con experiencia instala la versión que acaba de salir en un servidor que tiene que funcionar. Se espera. Se observa cómo reacciona la comunidad. Se deja que otros encuentren los fallos antes que tú. Solo entonces se despliega en producción. No es desconfianza gratuita, es la diferencia entre gestionar un sistema y jugártela con él.
Con la IA de frontera hago justo lo contrario de lo que la experiencia me ha enseñado, me dejo llevar por el entusiasmo de la novedad. Me enganché a Fable 5 desde el primer día, fascinado por la distancia que parecía haber abierto respecto a todo lo anterior. No fue una decisión meditada: quería probarlo antes que nadie y, probablemente, también había algo de miedo a quedarme atrás. Tres días después lo apagaron por decreto. La vieja lección seguía siendo válida; simplemente había decidido ignorarla. Y en el artículo anterior conté por qué julio de 2026 debería hacernos frenar un momento: Fable 5 apagado por decreto, GPT-5.6 lanzado bajo supervisión gubernamental previa, y China estudiando cerrar el acceso a sus futuros modelos. Ninguna de las dos superpotencias de la IA garantiza ya un acceso estable. Toca preguntarse qué significa, entonces, ser soberano.
Lo que ya hemos aceptado sin darnos cuenta
Cuando compras un ordenador, eliges la marca, pero no fabricas tú el procesador, eliges entre Intel y AMD, y ninguna de las dos es tuya. El sistema operativo viene ya instalado, Windows en la mayoría de los casos. A nadie le quita el sueño esa dependencia, porque en la práctica funciona: hay varios fabricantes compitiendo por tu compra, puedes cambiar de marca sin pedir permiso a ningún gobierno, y ningún fabricante te va a impedir usar tu propio ordenador según tu pasaporte.
Esa es la soberanía real que tenemos en casi todo lo que consumimos a diario. No fabricamos gran parte de ello. Pero conservamos algo esencial: la capacidad de elegir entre varias alternativas, y la garantía de que esa elección va a seguir funcionando pase lo que pase. Nadie exige tener una fábrica de procesadores en casa para sentirse dueño de su ordenador. Con la IA nos hemos inventado un listón mucho más alto sin darnos cuenta.
El matiz que rompe la comparación
Hasta aquí, la analogía funciona. Pero hay un matiz que la rompe, y es justo lo que hemos visto este mes de julio. Intel y AMD no pueden impedirte que utilices sus chips una vez que has comprado un ordenador con su tecnología ni siquiera por motivos de seguridad nacional. Eso sí es lo que ha empezado a insinuarse entre Washington y Pekín con los modelos de IA. Fable 5 se apagó por decreto estadounidense. Días después, China empezó a estudiar restricciones sobre el acceso extranjero a sus modelos más avanzados, incluidas posibles futuras publicaciones en abierto. Y lo que empezó como un estudio se ha ido ampliando semana a semana: a mediados de julio, las conversaciones de Pekín ya incluían controlar qué inversores extranjeros pueden financiar a sus empresas de IA y tratar la fuga de tecnología propia como delito contra la seguridad nacional.
Cuando compras un ordenador, siempre te queda una alternativa real si un fabricante te falla. Con la IA de frontera, durante año y medio, esa alternativa ha sido casi siempre la misma: si Estados Unidos te cierra la puerta, te vas a China, más barata y más abierta. Esa opción es justamente la que empieza a desaparecer. No es que Europa dependa de un proveedor. Es que depende de dos, y los dos, cada uno por sus propias razones, se están moviendo hacia decidir quién merece usar su tecnología y quién no. Esa es la diferencia real entre comprar un ordenador y usar un modelo de frontera: en el ordenador, el hecho de comprar la tecnología protege tu libertad de utilizarla. En la IA de frontera, ahora mismo, la elección depende de la buena voluntad de dos gobiernos, ya que sólo pagas por el derecho de acceso para poder utilizarla temporalmente.
Lo que Europa sí puede ofrecer
No todo pasa por competir en potencia bruta, y aquí es donde algunos proyectos europeos empiezan a tener sentido, aunque no compitan con Fable 5 ni con GPT-5.6. Suiza (país europeo, pero que no pertenece a la UE) lanzó hace meses Apertus, desarrollado por EPFL, ETH Zúrich y el CSCS, entrenado exclusivamente con datos públicamente accesibles, respetando las exclusiones automatizadas y documentado de principio a fin, diseñado teniendo en cuenta las obligaciones de transparencia del reglamento europeo de IA.
El 13 de julio, apenas hace unos días, un consorcio alemán con la participación de la Universidad Leibniz de Hannover y la asociación KI Bundesverband liberó Soofi S, un modelo de treinta mil millones de parámetros entrenado íntegramente en la Industrial AI Cloud de Deutsche Telekom, en Múnich, con energía renovable y documentación detallada de la composición de sus datos. Según sus propios resultados, supera a otros modelos abiertos como Apertus o OLMo 3 en pruebas de alemán, inglés y programación. Iniciativas como ALIA persiguen un objetivo complementario, centrado en el español, las lenguas cooficiales y la creación de una infraestructura pública reutilizable. Ninguno de estos proyectos aspira a alcanzar la frontera, y conviene decirlo sin rodeos para no generar falsas expectativas. Lo que ofrecen es otra cosa: la certeza de saber con qué datos fue entrenado el modelo, el cumplimiento normativo desde el diseño, y la posibilidad de ejecutarlo en tu propia infraestructura sin depender del favor de ningún gobierno extranjero. Después de lo visto en julio, esa certeza empieza a valer más de lo que parecía hace un año.
La pregunta que de verdad importa
Y aquí llego al punto que creo que estábamos evitando. La pregunta no es si Europa puede fabricar su propio Fable 5. Europa no dispone hoy de un equivalente a Fable 5 y no parece probable que cierre esa distancia a corto plazo. La pregunta de verdad es si lo necesitamos para la mayoría de lo que hacemos cada día.
Hay quien dice que no tiene sentido coger un Ferrari para ir a comprar el pan, y creo que tienen razón la mayor parte de las veces. Redactar un informe, clasificar correos, resumir un contrato, generar código rutinario, no exige el modelo más potente del planeta, exige uno fiable, disponible y que no dependa de un decreto que se firma a miles de kilómetros. Ahí, un modelo modesto, abierto, ejecutado en tu propia infraestructura, cumple de sobra.
Y esa opción está a punto de volverse todavía más accesible. NVIDIA ya vende DGX Spark, un superordenador de escritorio pensado para ejecutar modelos grandes en local, y este otoño llegan los primeros portátiles y mini PC con la tecnología RTX Spark, pensados para el usuario avanzado, no solo para el centro de datos. Ejecutar modelos capaces en local no es nuevo, pero esta generación de equipos puede convertirlo en una opción práctica para muchas más personas y empresas.
Elegir un modelo modesto que corre en tu propio ordenador en lugar de la última maravilla de frontera alojada en otro continente no es conformarse. Es la misma decisión que toma cualquier administrador de sistemas con experiencia cuando decide esperar antes de instalar la versión que acaba de salir: no por miedo a la tecnología, sino porque ha aprendido que la prisa no es lo mismo que el progreso, correr no es lo mismo que avanzar.
Ya hemos visto que existe la posibilidad de que nos corten el acceso a un determinado modelo. La soberanía también significa poder cambiar de modelo sin que eso requiera un trabajo titánico de adpatación de todo nuestro ecosistema de IA para trabajar con los modelos de otros fabricantes.
La soberanía en IA, al final, no consiste en tener nuestro propio ChatGPT fabricado en casa, igual que nunca hemos necesitado fabricar nuestro propio procesador para sentirnos dueños de nuestro ordenador. Consiste en tres cosas mucho más al alcance de la mano: que la elección entre varios proveedores siga siendo real, que no exista dependencia del modelo que utilizamos y que decidamos, con calma y no por FOMO, si el trabajo que tenemos delante necesita de verdad un Ferrari o si con lo que cabe en nuestra propia mesa es más que suficiente.
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