El apagón que cuestionó si somos o no soberanos en IA
EEUU apagó Fable 5 para el mundo entero. Qué significa para Europa y para cualquiera que dependa de la IA en su trabajo. Primera parte.
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Curiosidad Artificial y Claude Sonnet 5
8/2/20266 min read


Fable 5: cuando apagan la IA con la que trabajas
El jueves 18 de junio de 2026 asistí en la Torre Iberdrola de Bilbao al Open LLM Basque Day, una jornada sobre modelos de lenguaje abiertos y soberanía del dato. Prácticamente todas las ponencias usaron como gancho el episodio de Fable 5 de Anthropic, dada la proximidad en el calendario. Por ello he decidido dedicar a exponer en este artículo lo ocurrido y los factores que afectan a la soberanía de la IA y dejo para un segundo artículo, que publicaré el próximo domingo, mi visión sobre el tema de la soberanía de la IA.
El precedente: Fable 5 y Mythos
El 9 de junio, Anthropic lanzó dos configuraciones de un mismo modelo: Fable 5, protegida por salvaguardas para el público general, y Mythos 5, con esas restricciones parcialmente retiradas para organizaciones autorizadas. Meses antes, la propia empresa había reconocido que estos modelos eran demasiado potentes para liberarlos sin restricciones, sobre todo por sus capacidades en ciberseguridad. Por eso creó el Project Glasswing, un programa de acceso controlado desarrollado en coordinación con el Gobierno de Estados Unidos para usar la versión más avanzada, Mythos 5, en tareas de ciberdefensa controlada. Fable 5 era la versión para todos los demás.
Duró tres días. El 12 de junio, el Departamento de Comercio de Estados Unidos emitió una directiva de control de exportaciones que prohibía el acceso a cualquier ciudadano extranjero, dentro o fuera del país. Como Anthropic no podía verificar la nacionalidad de sus usuarios en tiempo real, apagó ambos modelos para todo el mundo.
Para mí, que llevaba enganchado a Fable 5 desde su lanzamiento, la desconexión fue una sorpresa. Recuerdo la mezcla de incertidumbre, no sabía si volvería a tener acceso algún día, e impotencia por perder de golpe un modelo que me había parecido claramente más avanzado que todo lo que había probado hasta entonces. También me preocupaba el precedente: si podían apagarlo así, podían volver a hacerlo con cualquier otro modelo del que hubiéramos empezado a depender.
Los controles sobre Fable se levantaron el 30 de junio y el acceso global volvió el 1 de julio, con un clasificador de seguridad reforzado. Mythos solo regresó inicialmente para determinadas organizaciones estadounidenses aprobadas.
Cuando finalmente restablecieron el acceso a Fable 5 tuve la impresión subjetiva de que era ligeramente inferior al modelo que había probado durante aquellos primeros días. No tengo forma de demostrarlo, pero tampoco de comprobar que seguía siendo exactamente el mismo.
La réplica: GPT-5.6 bajo supervisión previa
Pocas semanas después, OpenAI presentó GPT-5.6, su familia más potente hasta la fecha, dividida en tres niveles: Sol, el insignia, Terra, equilibrado, y Luna, el más rápido y barato. Esta vez la empresa no esperó a que llegara una orden. El 26 de junio abrió el acceso solo a unas veinte organizaciones aprobadas de antemano por el Gobierno de Estados Unidos, y no fue hasta el 9 de julio, tras dos semanas de revisión, cuando el modelo llegó al público general. La propia OpenAI declaró que no quiere que este tipo de supervisión previa se convierta en la norma habitual. El matiz importa: ya no hace falta una orden del Departamento de Comercio para que un lanzamiento de IA de frontera pase primero por Washington. Ahora es la propia industria la que se anticipa.
El giro: China está pensando en cerrar la puerta
Y aquí llega el dato que de verdad cambia la conversación. Según reveló Reuters el 7 de julio, el Ministerio de Comercio chino ha mantenido reuniones durante el último mes con Alibaba, ByteDance y la startup Z.ai para estudiar restringir el acceso extranjero a sus modelos más avanzados, incluidas versiones que hasta ahora se distribuían en abierto, como el Qwen de Alibaba o el GLM-5.2 de Z.ai. Hasta ahora, China competía precisamente por ser la alternativa abierta: modelos descargables, gratuitos, que cualquiera podía ejecutar en su propia infraestructura. Ese ha sido uno de los grandes argumentos a favor de la soberanía tecnológica de cualquier empresa fuera de Estados Unidos durante el último año y medio. Según se ha informado, parte de la preocupación china nace del propio caso Mythos: la posibilidad de que un modelo tan capaz en detección de vulnerabilidades caiga en manos ajenas preocupa tanto en Pekín como en Washington, hasta el punto de que voces del sector tecnológico chino han pedido públicamente desarrollar su propio equivalente restringido.
La pila que nadie controla entera
Para entender por qué esto no tiene una solución sencilla conviene mirar de qué está hecha realmente la inteligencia artificial de frontera. No es un único producto, es una cadena de capas, y en cada una manda un país distinto.
El diseño de los chips que entrenan estos modelos lo domina NVIDIA, en California. Pero NVIDIA no fabrica nada: los chips se producen en Taiwán, en las plantas de TSMC, con máquinas de litografía EUV que solo fabrica una empresa en el mundo, ASML, en Países Bajos. Estados Unidos lleva años invirtiendo en corregir esta dependencia con nuevas plantas de TSMC en Arizona. Pero incluso ese esfuerzo llega tarde: la mayor parte de la capacidad de vanguardia y los nodos más avanzados continúa concentrada en Taiwán, mientras la segunda fábrica de Arizona prevé producción de alto volumen en 2027, y la propia TSMC ha reconocido que la escasez de chips de IA se prolongará durante años. Ni siquiera Estados Unidos controla el cien por cien de esta capa.
Hay otra capa que casi nunca se menciona y que es tan decisiva como los chips: los datos de entrenamiento. Un modelo de frontera necesita cantidades colosales de texto, código e imágenes de calidad, y durante años las grandes tecnológicas han resuelto ese problema pidiendo perdón en lugar de permiso. Anthropic aceptó pagar 1.500 millones de dólares en 2025 para cerrar una demanda colectiva de autores y editoriales, después de que un juez determinara que entrenar con sus libros era un uso legítimo, pero descargarlos de bibliotecas pirata como Library Genesis no lo era. Fue el mayor pago por infracción de derechos de autor de la historia, y no ha sido el único caso: The New York Times sigue litigando contra OpenAI por motivos parecidos. Gran parte de la ventaja competitiva actual de las empresas estadounidenses se construyó absorbiendo, sin permiso, una porción enorme del conocimiento escrito de la humanidad, y pagando la multa después, si es que llega a pagarse.
Pero el terreno de juego está cambiando otra vez, y no a favor de quien tiene más datos humanos, sino de quien tiene mejores modelos para fabricar datos artificiales. IBM Research publicó hace apenas unos días un hallazgo que da la vuelta a la intuición habitual: un modelo entrenado con cien mil millones de tokens de código sintético, generado por otra IA, rindió mejor que ese mismo modelo entrenado con seiscientos mil millones de tokens de código real escrito por humanos. Menos datos, pero mejor curados, superan a más datos, pero mediocres. Esto importa para la soberanía porque generar datos sintéticos de calidad se puede hacer ya con un modelo de frontera.
Sube un nivel más y llegas a los modelos de frontera en sí, el resultado final de todo lo anterior. Para ponerlo en perspectiva: de los cincuenta modelos de IA más utilizados en junio de 2026, veintiocho son estadounidenses y diecinueve chinos, según datos de OpenRouter recogidos por Le Grand Continent. Solo uno es europeo, NeMo, de la francesa Mistral AI, pero fabricado en colaboración con NVIDIA . Y si en lugar de popularidad medimos capacidad pura, el dato es aún más tajante: según Epoch AI, todos y cada uno de los modelos que han marcado la frontera de capacidades desde 2023 se han desarrollado en Estados Unidos. Ni uno solo, en tres años, ha nacido en Europa.
Sube otro nivel y llegas a la capa que de verdad ha protagonizado este mes de julio: quién decide a quién se le permite usar ese modelo. Esa capa la controla, en la práctica, el gobierno del país donde se entrena el modelo, sea Washington o Pekín.
Los centros de datos y la energía importan y mucho, por supuesto, pero de poco sirve tener la mejor infraestructura eléctrica de Europa si las máquinas que hay que meter dentro las fabrica un único proveedor en Taiwán y las diseña una única empresa en California. La pila no sólo se rompe por falta de electricidad. Se rompe varios peldaños más arriba.
Lo que queda claro, y lo que no
Nadie tiene el cien por cien de esta cadena. Ni siquiera Estados Unidos, que depende de Taiwán para sus chips más avanzados y de Países Bajos para las máquinas que los fabrican. Lo que sí tienen Estados Unidos y China, cada uno a su manera es el control sobre la última capa, la que decide quién puede usar el resultado final. Europa no participa en esa decisión. Asiste como convidado de piedra.
En el próximo artículo quiero dejar de mirar los hechos y entrar en lo que de verdad importa: si nadie controla toda la cadena, ¿qué significa entonces hablar de soberanía? Y sobre todo, ¿qué margen de elección nos queda realmente a los que estamos en el escalón de abajo?
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