La generación sin primer empleo: culpa de la IA

La IA ha eliminado el primer escalón de la carrera profesional. Qué significa para los graduados de 2026 y cómo responder.

CONCEPTOS CLAROSOCURRENCIAS

Curiosidad Artificial y Claude Sonnet 4.6

6/14/20264 min read

Joven de espaldas ante escalera monumental con el primer peldaño roto, metáfora del empleo junior y la IA.
Joven de espaldas ante escalera monumental con el primer peldaño roto, metáfora del empleo junior y la IA.

El primer peldaño ya no existe (y nadie te lo va a devolver)

¿Recuerdas cuando te dijeron que estudiar una carrera era el camino seguro? Pues bien, alguien ha quitado el primer escalón de esa escalera y no parece que nadie tenga prisa por volver a ponerlo.

Sé que probablemente no me lees. Este blog lo siguen personas que llevan años en el mercado laboral, que han visto varias crisis del sector y que esta mañana han usado la IA para hacer en veinte minutos algo que antes les llevaba dos horas. Pero voy a escribirte a ti igualmente, porque hay algo liberador en hablar al que no escucha. Es exactamente lo que hacéis vosotros abucheando a Eric Schmidt, el ex CEO de Google que en mayo de 2026 recibió abucheos de los recién graduados de la Universidad de Arizona cada vez que mencionaba Inteligencia Artificial en su discurso. Gritar al que no puede hacer nada.

Yo terminé informática en 1995. El sector no estaba contratando. Ser licenciado en informática aquel año era casi una broma de mal gusto. Muchos compañeros se buscaron la vida fuera de su comunidad autónoma o en el extrajero. Yo opté por un máster con bolsa de trabajo, que resultó ser el puente que necesitaba hacia el mercado real. Desde entonces no he parado. He visto bonanzas, he visto crisis, he visto cómo el sector se reinventaba cada vez que alguien daba por muerto algún perfil profesional.

Lo que está pasando ahora es diferente. No en la superficie, sino en la raíz.

La IA no ha llegado para quedarse con tu trabajo futuro. Ha llegado y se está quedando con los dos primeros años de ese trabajo, que son exactamente los que necesitabas para aprender a hacer el resto. Las tareas que antes justificaban contratar a alguien sin experiencia, redactar informes, procesar datos, depurar código, atender consultas básicas, las hace ahora un modelo de lenguaje en segundos. Las empresas no te están despidiendo. Simplemente han dejado de necesitarte para empezar.

Un estudio de Stanford lo dice con una frialdad que duele: los trabajadores de entre 22 y 25 años en sectores expuestos a la IA han visto caer su empleo un 16% en menos de tres años. Los mayores de 35, ningún impacto comparable. La IA reemplaza el conocimiento codificado, el que viene de los libros, el que traes bajo el brazo al terminar la carrera. No puede reemplazar lo que se aprende estando dentro: leer una sala, saber cuándo no hablar, ganarse la confianza de un cliente imposible. El problema trágico es que el único camino para aprender eso era hacer precisamente los trabajos que ya no existen.

Abuchear a Schmidt no resuelve esto. Sabotear el despliegue de la IA en tu empresa tampoco, entre otras cosas porque hay demasiado dinero en juego para que un empleado reticente frene algo que ya está decidido. El que se interponga en ese camino será el primero en sobrar.

Lo que sí puede cambiar algo, aunque no todo, pasa por cinco movimientos que no dependen solo de ti.

Primero, entender de verdad lo que está ocurriendo, sin catastrofismo y sin ingenuidad. La IA no es el fin del trabajo, es el fin de una forma concreta de empezar a trabajar. Aquí además es fundamental no confundir trabajo y empleo. Es posible que la IA traiga muchos nuevos trabajos, pero quizá los asuma en primera persona y por tanto no habrá nuevos empleos.

Segundo, y aquí sí dependes de ti: formarte en IA no como usuario pasivo sino como alguien que sabe dirigirla, cuestionarla y sacarle partido real. La herramienta que hoy amenaza tu entrada al mercado puede ser mañana tu mayor ventaja competitiva, si sabes usarla mejor que el senior que lleva veinte años haciendo las cosas de la misma manera.

Tercero, las universidades tienen que subir el listón. Si la IA permite que un empleado entregue en un día lo que antes hacía en una semana, un estudiante debería poder aprender en cuatro años lo que antes requería seis. El curriculum universitario no puede seguir entrenando para tareas que un modelo resuelve en segundos.

Cuarto, los gobiernos deben incentivar a las empresas para que contraten juniors. No por altruismo, sino porque las empresas que hoy prescinden del talento joven están cortando el flujo natural de generación de profesionales de los que dependerán en diez años. Sin juniors de hoy no hay seniors de mañana, y sin seniors de mañana no hay nadie que dirija a la IA del futuro.

Quinto, y esto va para las empresas: necesitan dejar de improvisar. Tres de cada cuatro estrategias de IA corporativas son, según datos recientes, más teatro que hoja de ruta real. Herramientas impuestas desde arriba, sin formación, sin propósito claro, sin pensar en el medio plazo.

Pero hay una dimensión que ninguna política ni ningún plan de estudios puede resolver del todo.

Un graduado de 2026 tiene por delante más de cuarenta años de carrera profesional. Cuarenta años. Hay quienes pensamos que en cinco años podríamos tener inteligencia artificial de nivel superior a la humana en prácticamente cualquier dominio cognitivo. Si eso ocurre, o algo parecido, lo que venga después es literalmente inimaginable desde hoy. Y en ese horizonte, las únicas competencias que no tienen fecha de caducidad son exactamente las que menos se entrenan en un aula tradicional: pensamiento crítico, capacidad de adaptación, hambre de aprendizaje continuo, tolerancia a la incertidumbre.

No son eslóganes. Son los únicos activos que ningún modelo va a poder replicar en los próximos cuarenta años, porque son los que hacen que un ser humano siga siendo valioso cuando las reglas del juego cambian por completa sorpresa.

Así que si me lees, aunque sospecho que no: deja de abuchear al orador equivocado. El problema no lo creó Schmidt. Lo estamos construyendo entre todos, y la única salida que veo pasa por entenderlo primero, antes de decidir contra quién gritar.

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