Curiosidad Artificial no va de inteligencia artificial...

Usé Codex y Obsidian para analizar 2 años de blog con IA agéntica. El resultado: un retrato que yo no habría sabido escribir. Así funciona.

CASOS PRÁCTICOS

Curiosidad Artificial, Claude Sonnet 4.6 y Codex 5.5

7/19/20265 min read

Persona frente a red luminosa de textos: una IA lee una obra completa y devuelve el retrato de su autor.
Persona frente a red luminosa de textos: una IA lee una obra completa y devuelve el retrato de su autor.

... va de inteligencia humana bajo presión

¿Qué haces con dos años de escritura dispersa entre varios blogs cuando quieres saber qué dice todo eso de ti?

Esa fue la pregunta de partida. Y la respuesta me llevó a montar un flujo de trabajo con herramientas agénticas que merece explicarse, porque el resultado final es difícil de conseguir de otra manera.

El primer paso fue elegir la herramienta. Codex, la aplicación de escritorio de OpenAI, tiene capacidad agéntica real: accede a tus archivos locales, ejecuta tareas encadenadas y trabaja de forma autónoma sobre el material que le das. Claude Cowork es la alternativa equivalente de Anthropic, con un planteamiento similar. Ambas requieren suscripción de pago. La diferencia importante respecto a los chatbots habituales: no responden preguntas, ejecutan encargos complejos sobre tus propios archivos.

El encargo en este caso fue convertir toda la producción del blog, más de cien artículos en distintos formatos y plataformas, en lo que se llama una bóveda de conocimiento de Obsidian. Obsidian es una herramienta de gestión de conocimiento que trabaja con archivos de texto plano en Markdown. Su gracia es que permite enlazar documentos entre sí por temas, fechas y conceptos, creando un mapa navegable de cualquier colección de textos. Codex transformó cada artículo en un archivo, los organizó en carpetas temáticas y trazó los enlaces entre ellos. El trabajo de organización manual que eso habría supuesto se resolvió en cuestión de minutos. Si tienes interés por cómo se hace paso a paso, pregúntamelo a través del formulario de contacto.

Con la bóveda lista, las primeras preguntas son las evidentes: qué temas he cubierto con más profundidad, qué artículos han envejecido mal y necesitan actualización, qué lagunas hay en la cobertura. Preguntas útiles que cualquier herramienta con acceso a toda la información podría responder razonablemente bien. Y te aseguro que es información que usaré para enfocar los próximos artículos hasta final de año.

Pero con un agente la conversación puede ir más lejos. Porque una vez que tienes respuestas a esas primeras preguntas, empiezan a surgir las preguntas de fondo: las que no buscan datos sino patrones, no inventario sino interpretación. Ahí es donde la capacidad agéntica marca la diferencia. Un agente puede leer el conjunto, detectar tensiones entre artículos de distintas épocas, rastrear cómo evoluciona una voz a lo largo del tiempo y sintetizar todo eso en algo que va más allá del resumen.

¿Qué me dices del autor de Curiosidad Artificial?

Le pedí a Codex que hiciera un retrato del autor a partir de lo que había leído. Esto es lo que devolvió:

"Durante meses, el autor ha estado haciendo algo más valioso que escribir sobre IA: ha estado dejando un registro íntimo, práctico y crítico de cómo una persona real aprende a convivir con ella.

Su obra no es la de un gurú tecnológico ni la de un divulgador distante. Es la de un tecnólogo veterano que terminó Informática en 1995, ha visto pasar varias revoluciones digitales y, aun así, reconoce que esta vez el suelo se mueve de otra manera. En lugar de mirar desde la barrera, ha convertido su propia vida en campo de pruebas: su trabajo, sus lecturas, su hija, su biblioteca, sus dudas creativas, sus torpezas cotidianas, sus experimentos con Claude, Gemini, ChatGPT o Perplexity.

Lo interesante de su blog no es que explique la IA. Es que se deja afectar por ella.

La usa para escribir, crear imágenes, montar podcasts, fabricar herramientas, estudiar, cocinar, programar y pensar. Pero nunca le entrega del todo el volante. Su obsesión no es producir más contenido, sino averiguar qué parte del proceso puede delegarse sin perder la intención, el criterio y la voz propia.

Ahí está la fuerza de Curiosidad Artificial: no vende certezas. Ensaya respuestas.

El autor aparece como un escéptico entusiasmado: fascinado por lo que la IA permite, inquieto por lo que puede atrofiar, crítico con las Big Tech, preocupado por el empleo junior, defensor del pensamiento crítico y convencido de que prohibir la IA no educa a nadie. Su mirada combina oficio tecnológico, humor, vulnerabilidad y una pregunta de fondo que atraviesa toda su obra: si la máquina puede hacerlo casi todo, ¿qué queda de nosotros?

Su respuesta no es grandilocuente. Queda quien decide. Queda quien quiere algo. Queda quien verifica. Queda quien carga con las consecuencias. Queda quien usa la herramienta para ampliar su mundo, no para vaciarlo.

Por eso este blog no es solo una colección de artículos sobre inteligencia artificial. Es el diario de una adaptación. Una invitación a entrar en el cambio con los ojos abiertos, las manos manchadas y el criterio encendido."

Me encanta cómo me percibe através de mis publicaciones. Un agente con acceso a tu obra completa puede leer entre líneas lo que tú, demasiado dentro, ya no ves. Eso no es magia. Es lo que ocurre cuando le das el tiempo y el contexto que necesita para trabajar.

¿Y qué te parece Curiosidad Artificial?

Una vez analizado el autor le pregunté por su obra. Cuando leí la última frase supe que ya tenía el título del siguiente post y un articulo, este, sin desperdicio. Te lo comparto para que puedas decidir si a ti te parece que Codex ha captado la esencia misma de Curiosidad Artificial:

"La intención declarada de tu blog puede sonar a divulgación sobre inteligencia artificial: explicar herramientas, compartir usos, comentar riesgos, enseñar a aprovechar la IA sin miedo.

Pero la intención real que se deduce de todo lo publicado es más profunda:

Tu blog es un laboratorio público de adaptación humana a la inteligencia artificial.

No estás simplemente explicando qué es ChatGPT, Claude, Gemini o Perplexity. Estás documentando, casi en tiempo real, qué le ocurre a una persona normal, con trayectoria tecnológica, curiosidad, dudas, sentido del humor y responsabilidades reales, cuando empieza a convivir con una herramienta que amenaza con cambiar su trabajo, su creatividad, su forma de aprender y hasta su idea de valor personal.

La intención práctica no es “enseñar IA”. Es enseñar a no quedarse quieto ante la IA.

Tu blog intenta hacer tres cosas a la vez:

Primero, bajar la IA a tierra. Sacarla del ruido corporativo, de los titulares apocalípticos y de la fantasía futurista para probarla en una biblioteca, una lista de la compra, un concurso de cómic, una clase, un flujo de trabajo, una conversación con Claude o un navegador con agente.

Segundo, construir criterio. No quieres que el lector adore la IA ni que la rechace. Quieres que la mire de frente, la pruebe, la cuestione, la fuerce, la verifique y aprenda a dirigirla. Tu mensaje de fondo es: usa la herramienta, pero conserva el mando.

Tercero, defender lo humano sin nostalgia. No idealizas el pasado ni propones volver atrás. Aceptas que la IA ya supera muchas capacidades humanas, incluidas algunas tuyas. Pero desde ahí buscas una respuesta más adulta: si la máquina escribe, dibuja, resume, programa o razona mejor que nosotros en ciertas tareas, entonces toca preguntarse qué significa decidir, querer, crear, responsabilizarse y tener una voz propia.

En resumen: Curiosidad Artificial no va de inteligencia artificial. Va de inteligencia humana bajo presión."

Puedes hacerme llegar tus comentarios a través del formulario de contacto.

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